Relato “Soy Ana”

otoño
Me llamo Ana. Tengo 20 años y soy diferente. Podría decirse que no soy igual que el resto. No soy normal. Desde que era un bebé mis padres se encargaron enseguida de que comprendiera que no era como el resto de niñas. No tengo ninguna discapacidad. Simplemente no cumplo los cánones de belleza de la vida: soy fea.

Para la mayoría de los papás su bebé –aunque no sea muy agraciado- es siempre el más bonito, el más gracioso y el más rico. Orgullo de padres. Los míos no fueron nunca así, para ellos era su feíta. Anita, feíta. Y así se referían a mí cuando hablaban cariñosamente de su pequeña. Era feíta pero tenía mucha gracia que me desapareció en cuanto comprobé que mis compañeros de la escuela infantil me miraban con rareza. Sí, teníamos dos años y ninguno sabíamos pronunciar fea, pero los gestos evidenciaban que Ana era la feíta.

Nunca escuché de mis padres, aunque fuera por cumplir, expresiones como “¡qué guapa!”. Cuando me ponían ese vestido que me quedaba tan bien y sonriendo en el espejo, yo escuchaba silencio. Había palabras relacionadas con la belleza que en mi casa eran siempre tabú. Como si en el diccionario de cada uno de nosotros no se hubiesen registrado.

Sí, no era muy agraciada físicamente y ese complejo me ha acompañado gran parte de mis 20 años. En la época de la adolescencia todavía mi fealdad se acrecentó. Lo reconozco, pero es que en esos años pocos son guapos. Los temidos granos, el vello donde no queremos que salga, la miopía en mis ojos, mi cuerpo que cambiaba de forma extraña. Fue como si todo se uniera para que mi complejo de fea fuese a más.

Claro para mis padres todavía era peor. Nada de presumir de su hija. Apenas salíamos en familia, tenían miedo de mostrarme en público. Siempre pensé que no me querían, que era como un fracaso en sus expectativas vitales. Ellos se ajustan a los cánones de belleza de la sociedad, podríamos decir que son fáciles de mirar, pero yo no…salí como salí: fea.

Con 12 años podéis imaginaros cuál era mi estado. Cómo me sentía siendo el patito feo de mi clase, con pocas vistas a convertirme en cisne. Apenas tenía amigos porque me metí en mi coraza y era una persona muy tímida; casi no me relacionaba y los demás tampoco querían saber quién era Ana, la feíta. Encima era buena estudiante; todavía peor para aquellos que me consideraban rara.” ¡La fea es lista!” Escuchaba decir con frecuencia a mis crueles padres y conocidos porque amigos como que no tenía. Hasta hace poco no llegué a comprender qué significa tener amigos. Una adolescencia marcada por la tristeza, por una autoestima que estaba por debajo del suelo.

Una fresca tarde de sábado, del mes de febrero, con 16 años recién cumplidos, salí a caminar. Necesitaba descansar de tanto libro y de internet. En las redes sociales era Ana, sin más, porque mi imagen era diferente, una creada por mí, la que yo quería ser. Los libros e internet hacían posible que pudiera crearme mis propias historias y en esas historias la imagen era secundaria. Era el corazón y las buenas acciones lo que regía la vida.

Como decía en torno a las cuatro de la tarde andaba cabizbaja, mirando al suelo, tapado mi rostro con una enorme bufanda con la que casi no se me veía mi cara fea. De repente una señora me preguntó: “¿guapa tienes hora?” Como si no escuchara lo que me decía, porque no podía dirigirse a mí, yo no era guapa, seguí caminando. La señora me siguió y volvió a preguntar: “¿guapa tienes hora?” Entonces me volvió y le dije: “¿me pregunta a mí?” Y ella manifestó: “claro, sólo estamos tú y yo ahora mismo aquí. ¿no me entiendes?”. Extrañada le dije que “sí que eran las cuatro de la tarde, pero que no sabía que se refería a mí, era la primera vez que escuchaba que alguien me llamaba guapa”.

La señora expresó: “¿cómo es eso posible?” Y yo manifesté:” lo es. Siempre he sido la feíta”. Entonces ella mirándome a los ojos y bajándome la bufanda dijo: “los ojos con los que te han mirado nunca han sido los del amor. Ese es el problema. Ser guapo o feo no es sólo cuestión física sino también del corazón, y por la forma de mirar, por lo que expresan tus ojos doloridos, sé que tú eres muy guapa. Hoy te rechazan pero los que lo hacen envejecerán, se arrugarán y ellos también serán feos. La imagen y la apariencia son importantes, sí, pero no vitales”.

Recuerdo como ahora mismo – y han pasado cuatro años- esta conversación que se quedó grabada en mi mente. Fueron cinco minutos, pero suficientes para comprender que yo también soy guapa. Y hoy lo sé. Guapa porque tengo vida, porque puedo sonreír, porque puedo ver, porque puedo comer, porque tengo capacidad para estudiar, porque tengo padres –que aunque no me llamen guapa- me dan lo que necesito. Guapa por tantas cosas que sólo pensando en la apariencia no valoramos.

Puedo decir que hoy soy feliz, que desde que dejé de pensar en la opinión de los demás y comencé a quererme más, a conocerme he cambiado hasta de imagen. Sigo siendo fea porque mis facciones son raras, pero qué más da. Y aunque haya tardado he encontrado amigos, de verdad, de los que como diría la señora del parque me miran con los ojos del corazón, y nunca con los ojos de la crítica y de la apariencia.

Mi infancia no ha sido un lago tranquilo en el que yo mirara al frente y viera flores. Se convirtió en una tormenta continua, con muchas lluvias que amenazaron mi adolescencia y mi juventud. Pero hoy he comenzado a vivir en un lago de paz y de tranquilidad, queriéndome a mí y queriendo a los demás. Fea pero guapa a la vez. Lo siento así.

Mónica Moreno Alonso @moniqueilles
P.D.- Este relato, 1000 palabras presentadas para un concurso que trataba sobre la belleza, no podrá reproducirse sin permiso expreso de la autora.

2 respuestas a Relato “Soy Ana”

  1. Maribi dijo:

    Monica no conocia este relato, que precioso, me ha emocionado, en los tiempos que vivimos, sólo nos fijamos en la belleza exterior, y cuan importante es ver con los ojos del amor, del corazon. Ya me diras.
    Siempre animandote a seguir escribiendo, tienes tanto que transmitir.
    Un abrazo

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  2. Marta Madrigal ruiz dijo:

    Que relato más bonito, cuantos nos hemos sentido de esa manera, o torpes x algo, o no se nos daban bien algunas materias, o no eras muy agraciada, y es verdad que cuando te miran así como cambia, te ves bella por todos sitios, Jope nadie debería decir a nadie feita, gracias x tu relato.

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