¿Cuál es tu buena noticia? ¿La compartes?

alegria

“Hoy queremos recibir solo buenas noticias”. Así comenzaba su programa un presentador de radio una tarde de esta semana. Lo justificaba no porque tuviera que hacerlo sino porque vivimos la actualidad llena de malas noticias, que si huracanes, asesinatos, injusticias, accidentes, guerras, bombas nucleares…y ya mejor no mencionar el lío político que tenemos en España, con Cataluña. Periodísticamente la agenda de los medios está marcada por las malas noticias. Las buenas se quedan ocultas. Como la gente buena y la gente mala, se conoce más a los malos que a los buenos.

Pues sí hoy queremos recibir solo buenas noticias. Estupenda iniciativa. A todos nos gusta recibir buenas noticias no solo nuestras sino de la gente que queremos, de nuestra familia, de nuestros amigos, de nuestros compañeros o incluso de desconocidos. Buenas noticias que a todos nos llenan de alegría e incluso dan esperanza a quien la tiene perdida.

Buenas noticias como el nacimiento de un hijo, un amor que llega, un premio, un logro conseguido (aunque sea insignificante), una carrera aprobada, un proyecto conseguido, una operación que ha salido bien…y qué decir de aquellas buenas noticias que llegan después de mucho sufrimiento: un trabajo que por fin llega o una enfermedad curada o esa amistad o relación personal que se recupera…Las buenas noticias hay que compartirlas. A todos nos gusta. A mí me gustan que me lo cuenten, porque ponen a tu día a día ese toque de alegría y de esperanza que en ocasiones no encontramos. Comparte tus buenas noticias.

Hay quienes piensan que es mejor no contarlo, ni lo bueno ni lo malo. Todo es respetable. Yo considero que tanto aquello que no nos gusta como aquello que nos alegra hay que compartirlo con quienes tenemos cerca. ¿No se van a alegrar con nosotros? ¿No nos van a ayudar si estamos mal?

No es presumir si estamos alegres por esta u otra buena noticia. Hay quien asciende en el trabajo o logra un reconocimiento y se lo calla, porque no hay que darse importancia, piensan algunos. Eso no es darse importancia, a no ser que lo vayas pregonando. Esto es compartir con quien quieres tu alegría y tu gozo, con humildad y con respeto por las circunstancias de la otra persona.

Las buenas noticias son eso buenas noticias, ¿Y por qué no decirlo? Ya que los medios de comunicación lamentablemente dan pocas buenas noticias, que nosotros por nuestros medios llenemos el mundo de buenas noticias. No tienen que ser de grandes titulares, los titulares de nuestra vida son grandes para nosotros en función del momento y de la situación personal. Conseguir arreglar un trámite que nos ha costado mucho esfuerzo es un titular; ser padres es un gran titular; aprobar un examen es un titular…tantos y tantos titulares.

Muchas gracias a todos. @moniqueilles /Mónica Moreno P.D.- Esta reflexión no podrá reproducirse en otro medio sin permiso ni autorización de la autora

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Misión imposible: dar gusto a todos

publico¿Cómo se consigue el éxito? Le preguntó un alumno a su profesor. El profesor le dijo: No lo tengo claro pero sí tengo claro cómo se consigue el fracaso.

– ¿Cómo?, respondió el chico.

-Intentando satisfacer a todo el mundo, señaló el profesor.

Es el resumen de una historia que he leído estos días, y que lleva toda la razón. Imposible dar gusto a todo el mundo. Misión imposible. Imposible que cuando haces algo en el que hay implicadas muchas personas esté todo el mundo contento. Siempre va a haber pegas o a alguien que no le gusta. Cada uno somos, como se suele decir, de nuestro padre y nuestra madre; con nuestros gustos, nuestras costumbres, nuestras manías.

Si en una familia es imposible -en ocasiones- dar gusto a todos; en grupos donde no nos conocemos todavía es más imposible. Cuando no es por a es por b y si no por c. Y más en una sociedad en la que no nos aguantamos y todo tiene que estar y ser como nosotros queremos. Predomina el ser protagonista y el que se haga lo que yo digo cuando yo digo porque si no no estoy contento y si no es así, pues me enfado.

Hay que contar también con que en todos los sitios va a haber alguien inconformista y que se queja de todo, aunque esté bien o se crea que se haga bien. Los inconformistas, aunque sean pocos, son los que hacen más ruido, pero tampoco son los que más hacen. Con quejarse tienen suficiente.  Hagas lo que hagas sabes que nunca les a satisfacer (y aunque lo hagas nunca te lo van a reconocer) pero tampoco se ofrecen para hacerlo ellos.

Y en esta sociedad en la que cada vez nos gusta ser los protagonistas, en la que la humildad y estar a la sombra no se lleva porque si no parece que no existes. En esta sociedad en la que se tiene que hacer lo que yo digo porque si no no estoy contento y me molesto. A mí –reconozco que me enciende- me enfada mucho cuando haces algo y tienes que cambiarlo con el único motivo de: “es que si no se molesta”. ¡¡Ah!! ¿Y siempre cedo yo? Es que así estas personas siempre se salen con la suya, porque si no se molestan.

Así estamos creando la sociedad de no ceder en nada, de hacer una convivencia cada vez más difícil, de perder la paciencia los unos con los otros…Así claro que se llega al fracaso, pero al fracaso de cada uno. El éxito está en la paciencia y el saber convivir cada uno con nuestros defectos pero nunca haciendo que uno siempre tenga la razón, porque eso no es convivencia

“Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil”. Baltasar Gracián

Muchas gracias a todos. @moniqueilles /Mónica Moreno P.D.- Esta reflexión no podrá reproducirse en otro medio sin permiso ni autorización de la autora

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Atender la amistad


Decía el psicólogo William James: “Aquello a lo que atendemos se convierte en nuestra realidad, y aquello a lo que no atendemos acaba desapareciendo poco a poco de nuestra realidad”. Deberíamos recordarla con frecuencia. Cuando atendemos algo, existe. Cuando ya no lo hacemos se va olvidando, va desapareciendo. Lo mismo ocurre con las personas.

A lo largo de nuestra vida conocemos a muchas personas. Durante una etapa de nuestra vida estamos muy en contacto, pero si ya dejas de tener ese contacto terminan desapareciendo.La distancia hace el olvido, y a veces la distancia no son los kilómetros, sino la falta de cercanía, de cuidados y de atención. La falta de tiempo o las múltiples ocupaciones no son motivo para olvidar y despreocupar. Siempre hay tiempo para lo que de verdad importa.

Hace unos meses cambié de teléfono y al meter los contactos actualicé la libreta de teléfonos. Viendo nombre por nombre, contacto por contacto iba pensando en cuántas personas tenía en la agenda con la que durante un tiempo hablaba a diario, compartíamos comidas, viajes, vivencias y ahora apenas nos conocemos. Se queda en un hola, si nos vemos o te mando un whatsApp si es tu cumpleaños o me entero de algo. La amistad se enfría. ¿Pero por qué somos así los seres humanos?

Una amiga me decía: es que cambiamos de prioridades. Y aquellos que están más cercanos son los que estamos más en contacto, olvidándonos –sin querer- de los amigos que tenemos de siempre. Sí es verdad que donde nace una auténtica amistad aunque no te veas, existe, y siempre crece. Pero hay que regarla y cuidarla. Las amistades se pierden si no se atienden.

Cuando compartimos muchas horas o momentos con determinadas personas forman parte de nuestra realidad. Cuando estamos pendientes unas de otras; cuando como dice el dicho no dejamos que la hierba crezca entre nosotros, las personas forman parte de nuestra realidad. Cuando hay confianza sin miedo a preguntar y a obtener respuesta. Cuando te afecta lo que le ocurre al otro; cuando no dejas que otro haga olvidar al otro.

Los amigos son tesoros si se cuidan, pero si no se hace se olvidan. Contactos tendremos muchos, pero amigos, seguro que no…¿O sí?

Muchas gracias a todos. @moniqueilles /Mónica Moreno
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Tiempo

tiempo

Es tiempo para:

Tiempo para pensar

Tiempo para soñar

Tiempo para querer

Tiempo para ver

Tiempo para hablar

Tiempo para viajar

Tiempo para buscar

Tiempo para encontrar

Tiempo para luchar

Tiempo para callar

Tiempo para esperar

Tiempo para descansar

Tiempo para olvidar

Tiempo para llorar

Tiempo para sufrir

Tiempo para trabajar

Tiempo para estudiar

Tiempo para leer

Tiempo para planificar

Tiempo para hacer

Tiempo para imaginar

Tiempo para jugar

Tiempo para aprender

Tiempo para consolidar

Tiempo para conocer

Tiempo para opinar

Tiempo para existir

Tiempo para cumplir

Tiempo para celebrar

Tiempo para compartir

Tiempo para perdonar

Tiempo para decidir

Tiempo para besar

Tiempo para enamorar

Tiempo para estar

Tiempo para reír

Tiempo para vivir

Tiempo para el silencio

Tiempo para perder el tiempo

Tiempo para….ti

Muchas gracias a todos. @moniqueilles /Mónica Moreno P.D.- Esta reflexión no podrá reproducirse en otro medio sin permiso ni autorización de la autora

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La abuela, mi abuela

manos abuela

Este post le habré iniciado en mi pensamiento muchas veces pero nunca me atrevía a dar el paso a ponerle por escrito. Ni en las últimas semanas. Siempre pensaba: “me voy a adelantar”, “todavía no”, “no es el momento”…y ahora ya sí lo es. Ya ha pasado una semana. Y sólo me sale escribir recuerdos…

Solo he tenido una abuela, porque a mi abuela Sagrario no la conocí, murió antes de que naciera, por lo tanto mi abuela María era siempre “la abuela”. La llamábamos abuela y hasta el final de su vida nos reconoció por la voz.

Los abuelos marcan la vida de los seres humanos. Los míos, mucho. Mi abuela  María siempre ha estado acompañándonos, en todos los momentos, en los buenos y en los malos. Somos lo que somos también parte al ejemplo de nuestros abuelos. De ellos heredamos a través de nuestros padres, hasta la personalidad y los valores. Seguro que tú que lees este post también te acuerdas ahora de tu abuela, y no hay día que no recuerdes un dicho o frase suya.

Vienen tantos recuerdos a la cabeza que se agolpan de golpe y que dejan huella en nuestra vida. Cuando íbamos a la huerta las tardes de verano; cuando hice mi primera entrevista de trabajo que vino conmigo o cuando no entendía porque al venir de la piscina siempre nos duchábamos: “si estáis limpias. Eso es de ser estrozonas”, decía. O cuando éramos niñas y nos enseñaba los días de la semana en valenciano, recuerdos de su época en la Guerra Civil en Agres…siempre soñó con volver.

Fue niña de la Guerra Civil, apenas conoció a su padre. Su madre siempre con ella, y hasta el final de su vida fue la palabra que más pronunciaba “madre”. Se separó de ella para ir a Agres, sin saber si volvería a verla….Su estancia en Agres marcó su vida y el de las personas que estuvieron allí. Allí vió el mar, que tantas veces contaba.

Su vida fue de mucho trabajo y mucho sacrificio; también de mucho sufrimiento. Los abuelos que vivieron la Guerra Civil eran de otra pasta y su vida siempre estuvo marcada por esa guerra, en sus costumbres, en su forma de ver la vida, en el trabajo, en el esfuerzo, en la lucha diaria. Siempre en el campo, no iban a ningún lado. Mi abuelo en el campo y ella vendiendo, recorriendo el pueblo con su carro de verdura, puerta por puerta, plaza por plaza…Estuvo vendiendo hasta que ya no pudo más por edad, pero la gustaba mucho el tú a tú y el hablar con unos y con otros…No salió apenas de Illescas;  vacaciones no existían, si acaso los días de la feria que descansaban uno o dos días, se daba por satisfecha…y siempre decía: “yo lo doy por visto”. Aspiraciones trabajar, trabajar y vivir.

Una mujer con genio y a la que no la gustaban las “paponás” como ella decía; con carácter para no aceptar lo que no consideraba justo; y eso sí, siempre con una frase en sus labios: “estoy muy mala”, marcada por el dolor de huesos fruto del trabajo de tantos años.  Luchó hasta el final, y se fue apagando poco a poco.

Gracias a ella supimos lo que era la acogida. Su casa siempre estaba abierta, los que iban a comprar o los que pasaban a ver o los que iban al fresco al patio, o al brasero, siempre acogía a todo el mundo; todo el que pasaba encontraba sitio en su casa, en eso se parecía a su madre. Una casa en la que todo se aprovechaba, lo que la gustaban las figuritas de adorno, todo la venía bien…Recuerdo cuando limpíabamos el polvo, que siempre ella iba detrás a colocarlo tal y como ella quería.

Como tenía tantas arrugas y no se quiso poner la dentadura postiza por miedo (eso sí era muy miedosa, porque era muy nerviosa)  no le gustaba mirarse en los espejos. Cuando íbamos a los centros comerciales ni siquiera se miraba porque “le daba horror”…qué cosas en los últimos años  sí se prestaba cuando le decíamos “vamos a hacernos un selfie”; qué entendería por selfie, pero no decía que no…

Son tantos y tantos recuerdos que vienen ahora a la cabeza, tantas costumbres que aprendimos…que doy gracias a Dios por mis abuelos, porque parte de lo que soy es gracias a su ejemplo; a todos los valores que nos han dejado. No tendrían estudios pero tenían el aprendizaje de su vida y sus vivencias para darte cuenta de que con mucho trabajo, con mucho esfuerzo y siempre mirando al frente es posible salir adelante.

Gracias a Dios porque han estado muchos años con nosotros; los hemos disfrutado mucho y hemos estado con ellos desde siempre. Abuela María tenía 95 años y en la víspera del Domingo de la Transfiguración nos dejó para siempre, ya en nuestro recuerdo y encontrándose ya con su madre, sus hermanos y mi abuelo Esteban desde el cielo.

Termino como acabé el post de mi abuelo: Y como diría abuelo Esteban “muchas gracias al personal”. @moniqueilles /Mónica Moreno

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